Muchas veces, cuando escribimos ficción, necesitamos pensar en cómo articular las voces de distintos personajes y hacerlos dialogar. Sin embargo, en ocasiones no se trata de un diálogo en sentido estricto… Las voces quedan flotando en la narración y el narrador las retoma para responder, contradecir o analizar su contenido.
Estas voces ajenas son una parte fundamental de cualquier texto literario, ya sea una novela, un cuento o una obra de teatro. En otro artículo vimos cómo usar la raya de diálogo con ejemplos reales para construir diálogos entre personas. Sin embargo, existen otras formas de incorporar voces ajenas dentro de una narración.
En este artículo, retomaremos esta temática enfocándonos en cómo un narrador puede dialogar con otras voces dentro de la misma narración utilizando el estilo directo, el estilo indirecto y el estilo indirecto libre. Veremos la diferencia entre estos tipos de narración, cómo se construyen sintácticamente con ejemplos reales de libros conocidos, y cómo pueden ayudarnos a escribir un cuento corto o una novela.
La polifonía en el lenguaje y las voces en el discurso
Cuando pensamos, lo hacemos a través del lenguaje. No solo pensamos en nuestra propia voz, lo que se denomina soliloquio, sino que dialogamos con muchas otras voces, ideas o enunciados que hemos escuchado. Muchas veces, incluso repetimos palabras de otros en nuestra cabeza intentando descifrar qué quisieron decir, por qué usaron el tono que usaron o qué sentido tenían esas palabras en el contexto en el que fueron pronunciadas.
Dicho procedimiento es usado por los autores más célebres de la literatura para narrar y crear historias atrapantes. Esto es desde la descripción del contexto, de los personajes y de las acciones que estos realizan, hasta la incorporación de diálogos entre dos personas o más, así como también otros textos como cartas, recortes de diarios e incluso refranes conocidos por su significado.
Sin embargo, el narrador puede emplear distintos métodos para incorporar la voz ajena dentro del cuerpo del texto y hacer más dinámica la narración, expresar la subjetividad de otros personajes y, por supuesto, escribir diálogos dentro del texto principal sin utilizar marcas como guiones o rayas. Esto nos resultará más o menos sencillo según nuestro conocimiento de sintaxis y gramática, pero trataremos de hacerlo lo más sencillo posible para quienes quieran mejorar su escritura creativa.
¿Cómo escribir diálogos sin interrumpir la narración?
La forma más común de incorporar una voz diferente de la del narrador en el texto es el diálogo. Esto es lo que ocurre cuando utilizamos signos ortográficos como la raya para marcar la diferencia entre una voz y otra. Pero esta no es la única manera de marcar dicha diferencia: también es posible utilizar la cursiva o las comillas para expresar pensamientos o retomar frases dichas por otro emisor dentro del mismo texto.
Cuando se trata de un diálogo entre dos personajes, incorporar lo que dicen en un párrafo aparte, utilizando las rayas, hace que estos personajes dialoguen en el mismo espacio-tiempo. Sin embargo, para crear personajes atrapantes y complejos, no siempre es necesario hacerlos dialogar de forma directa. Muchas veces, es el mismo narrador el que dialoga con lo que otros personajes dijeron o (que asume) pensaron previamente. ¿Qué hacemos entonces?
Uno de los usos más extendidos de las comillas es justamente ese: incorporar estas otras voces sin tener que desarrollar un diálogo. En otras ocasiones, ni siquiera es necesario utilizar marcas ortográficas y tipográficas de ningún tipo. Por ejemplo, en el cuento Las cajas de Unamuno, de Agustina Bazterrica, la narradora (que narra en primera persona) se sube a un taxi y Unamuno, el conductor, le pregunta si le molesta la música:
¿Le molesta si pongo música, linda? Lo miro con desconcierto. ¿En qué momento pasé del señora al linda?
Podemos ver en el ejemplo que no hay marcas ortográficas o tipográficas que diferencien quién dice qué, salvo por aquellas propiamente sintácticas y morfológicas: Le molesta / En qué momento pasé. Esto no es accidental, ya que esta construcción permite entender que la narradora y protagonista está encerrada en sí misma. Si escribiéramos el ejemplo en forma de diálogo, con rayas, el efecto de introspección que la autora propone se rompería:
—¿Le molesta si pongo música, linda?
Lo miro con desconcierto. ¿En qué momento pasé del señora al linda?
A continuación veremos entonces las formas más comunes de incorporar voces ajenas dentro de la narración y cómo esto afecta al tipo de narrador.
¿Qué es la narración en estilo directo, indirecto e indirecto libre?
Existen tres procedimientos clásicos para reproducir la voz ajena dentro del texto: el estilo directo (ED), el estilo indirecto (EI) y el estilo indirecto libre (EIL). Cada uno de ellos tiene sus propias ventajas y produce efectos distintos que pueden agregar matices narrativos y ayudarnos a desarrollar nuestra historia.
Estilo directo
El ED se caracteriza por reproducir exactamente las palabras de una voz ajena mediante una ruptura sintáctica con la voz narradora, utilizando, por lo general, un verbo de comunicación (dijo, advirtió, pronunció, etc.) seguido por dos puntos y la voz ajena entre comillas (en una oración subordinada que funciona como objeto directo). Por ejemplo:
María le dijo: “Ese no es mi abrigo”. Juan observó el abrigo en su mano y le preguntó: “¿Qué tiene de distinto?”.
Esta estructura básica es también la que opera cuando creamos diálogos con rayas, básicamente porque vamos pasando de un emisor a otro. La principal característica del ED es que se mantienen el tiempo, el espacio y la persona: el yo, aquí y ahora de la voz original que se incorpora a la narración.
El ED es una reproducción de la voz ajena, intentando respetar su contexto original. Lo que importa es lo que se dijo. Es posible utilizar este procedimiento con otras marcas como la cursiva o itálica, pero la forma más aceptada de incorporar otras voces a la narración en la literatura es utilizando comillas angulares o españolas («»).
Veamos el siguiente ejemplo:
«Sos loca, Marina», le había dicho. «Te acompaño mañana, hoy no puedo».
Bajo el agua sucia, Mariana Enríquez
En este ejemplo podemos ver cómo la narradora retoma una conversación que nosotros nunca presenciamos como lectores, pero que la autora incorpora reproduciendo exactamente lo que se dijo, respetando el uso correcto de mayúsculas y la puntuación original. En el ejemplo, si bien no se respeta la estructura dos puntos + verbo de comunicación, sí se mantiene el mismo criterio sintáctico. Podríamos formularlo con dicha estructura:
Le había dicho: «Sos loca, Marina. Te acompaño mañana, hoy no puedo»
Veamos otro ejemplo:
«Oh, río profundo, y ahora eres tú desde la noche». La voz de la mujer negra que llora y repite: «Río profundo, mi corazón está en el Jordán».
Retorno de la noche, Julio Cortázar
En el ejemplo, el autor nos propone un ensueño —por llamarlo de alguna manera— en el que el lamento de una mujer llega al narrador sin que él pueda controlarlo. La voz se reproduce de manera fehaciente, no se interpreta ni se parafrasea. La voz ajena, en este caso, se impone sobre la del narrador en primera persona, que además es el protagonista de la historia, y el verbo de comunicación repite se encuentra entre las dos oraciones subordinadas de la voz ajena.
Este método también es muy común cuando, en un diálogo con rayas entre personajes, el emisor retoma las palabras de una tercera persona. Es lo que ocurre en el siguiente ejemplo.
—¿Tiene corriente continua? —murmuró abstraído el Abogado.
—No, alterna. Estábamos en la democracia, ¿no es así? Bueno, querido doctor. ¿Usted cree todavía en la democracia? Escúcheme. Cuando los norteamericanos provocaron la independencia de Panamá para apoderarse del territorio donde iban a trazar su canal, años más tarde dijo Roosevelt, en un discurso que pronunció en Berkeley, California: “Si yo hubiera sometido mis planes a los métodos conservadores (es decir, democráticos), hubiera presentado al Congreso un solemne documento oficial, probablemente de doscientas páginas, y el debate no habría terminado todavía (…)”.
El Abogado y el Astrólogo, Roberto Arlt
Vemos que, en este caso, cuando se incorpora una voz ajena a un diálogo en estilo directo, se pueden emplear las comillas inglesas (“”) en vez de las angulares o españolas («»). Si luego fuera a incorporarse una tercera voz dentro de la segunda, se utilizarían las comillas simples (‘’) para enmarcarla dentro de las inglesas. El orden es el siguiente: comillas españolas, inglesas y simples. También podemos notar que, no por tratarse del estilo directo, las palabras reproducidas son literalmente las que se dijeron (es difícil pensar que el personaje supiera el discurso de memoria).
Estilo indirecto
El estilo indirecto se caracteriza por realizar una paráfrasis de la voz ajena. Esta última es reformulada para adaptar la estructura sintáctica a la narración en la que se la incluye. Para hacerlo, lo más común es emplear un verbo de comunicación y la conjunción que en vez de los dos puntos. Por ejemplo:
María le dijo que ese no era su abrigo.
En el estilo indirecto, a diferencia del estilo directo, se modifica el tiempo, el espacio y la persona original (la oración subordinada de la voz que se reproduce) para ajustarlos a los de la voz narradora:
También nos decía que la pena era muy honda a los ciento setenta y ocho años.
Las malas, Camila Sosa Villada.
Puede verse a simple vista que el uso del pronombre en primera persona del plural nos establece la persona de la narradora. Por el otro lado, el verbo decía en tercera persona del singular refiere a un tiempo pasado, pero también indica cómo lo dicho cambia luego de la conjunción que, con el verbo era subordinado a ese yo, aquí y ahora del presente de la narradora. Veamos cómo podría escribirse en estilo directo:
Nos dijo: «La pena es muy honda a los ciento setenta y ocho años».
En este caso hipotético (porque es imposible una reconstrucción fehaciente del discurso original y su contexto) vemos cómo esa voz incorporada mantiene su propio presente (es muy honda) en vez de ajustarse al de la narradora (era muy honda). Otro ejemplo de estilo indirecto puede verse en el siguiente caso:
Mi mamá también se puso colorada y me dijo que a cierta edad las niñas dejaban de serlo para convertirse en señoritas. Después calló y yo quedé en ascuas.
Las primas, Aurora Venturini
En ambos casos, notamos la adecuación de la voz ajena al yo, aquí, ahora de la narradora. Podríamos intentar otra reconstrucción de este enunciado en estilo directo:
Mi mamá también se puso colorada y me dijo: «A cierta edad las niñas dejan de serlo para convertirse en señoritas.» Después calló y yo quedé en ascuas.
De nuevo, no es posible realizar una reconstrucción fehaciente del enunciado original, no solo porque no lo conocemos, sino también porque es válido pensar que la madre bien podría haber hablado, en su propio presente, de un tiempo pasado en el que las niñas dejaban de serlo. En la literatura, la voz ajena en estilo indirecto no dispone de una versión “dicha” original del enunciado; solo existe en estilo indirecto.
A propósito de reconstruir un enunciado de estilo indirecto como uno en estilo directo, si bien por lo general podemos asumir la estructura original del enunciado, a menos que se trate de una cita real que podamos buscar y verificar, en la literatura es imposible una reconstrucción fehaciente del contexto original. Sin embargo, es un ejercicio útil que puede ayudarnos a comprender el empleo del estilo indirecto y su diferencia con el estilo directo.
Veamos un último ejemplo:
En una oportunidad dio lugar a comentarios el que Elena Schleider no quisiera acompañar a su marido en un viaje de negocios por Europa. Se dijo que estaba enferma, pero durante todo aquel verano, sus mejillas relucieron con un color muy vivo, lo que me llevó a pensar que la fiebre embellecía a las personas.
Cornelia frente al espejo, Silvina Ocampo
En este ejemplo, podemos ver como la inclusión de la voz ajena ofrece muy pocas precisiones sobre, en primer lugar, los comentarios a los que se dio lugar y, en segundo lugar, sobre lo que dijo Elena Schleider cuando afirmó que estaba enferma: se dijo es una construcción impersonal en la que “lo que se dijo” es un resumen de rumores y enunciados que refieren a una razón, en vez de a un enunciado efectivamente dicho. Este es un método muy habitual en la literatura, justamente porque permite prescindir de precisiones innecesarias.
Estilo indirecto libre
El estilo indirecto libre, por su parte, es característico de los textos literarios cuando se emplea un narrador omnisciente. Se caracteriza por reproducir la conciencia de un personaje desde su propia subjetividad. Se construye a partir del yo, aquí y ahora del personaje, pero desde la voz del narrador. En consecuencia, se construye desde el tiempo pasado en que sucedieron los hechos narrados.
Se utiliza cuando queremos narrar desde la conciencia de un personaje y revelar pensamientos y sensaciones sin intermediación ni ruptura sintáctica. Por ejemplo:
María sabía que mañana la salida era muy temprano, ¿encontraría el abrigo a tiempo?
En el estilo indirecto libre, el límite entre una voz y la otra desaparece. Podemos ver también que el adverbio temporal mañana, que se refiere al futuro del personaje, también marca su presente: el hoy. A su vez, dicho adverbio se contrapone al verbo era en pasado, que revela el tiempo presente desde el cual se narra.
El pretérito imperfecto (era, hacía, caminaba) es el tiempo verbal que mejor transmite la unión entre el presente del personaje y el presente del narrador que retoma lo que dice o siente. El aspecto inconcluso del pretérito imperfecto, que remite a acciones del pasado en proceso, garantiza la actualización y el devenir de la conciencia del personaje mientras se produce la narración. Esto permite expresar el punto de vista doble del estilo indirecto libre: el narrador retiene una perspectiva de un pasado inacabado, mientras que el personaje continúa experimentando su propio presente.
El estilo libre indirecto es el tipo de narración más común en la literatura. Se utiliza cuando, por ejemplo, un narrador omnisciente quiere expresar un punto de vista doble: su perspectiva desde el pasado de la acción, por un lado, y la perspectiva del presente de un personaje, por el otro. El narrador asume el tiempo y el espacio del personaje, narra desde su conciencia, la cual va actualizando periódicamente.
Veamos el siguiente ejemplo:
Al asomarse a la ruta, Felicidad comprende su destino (…). En la oscuridad llana del campo solo hay desilusión, un vestido de novia, y un baño en el que no debió haber tardado tanto.
Mujeres desesperadas, Samanta Schweblin
¿Para quién solo hay desilusión en la llana oscuridad del campo? ¿Para la narradora o para Felicidad? Esta última, ¿sabe que es soledad lo que siente o es algo que descubre la narradora pero de lo que Felicidad no está al tanto?
Otra forma de utilizar este procedimiento puede verse en el siguiente ejemplo:
Pudiera dejarme ir a la deriva, pensó, y dormir y echar un lazo al dedo gordo del pie para despertar si pican.
El viejo y el mar, Ernest Hemingway
Vemos que en este caso, no hay marcas de ningún tipo, salvo el verbo pasado en tercera persona del singular pensó y el verbo pudiera (en primera persona del tiempo imperfecto subjuntivo) que corresponde al personaje y no al narrador. Este último es un recurso válido cuando utilizamos un narrador omnisciente que sabe exactamente qué está pensando un personaje que está dialogando consigo mismo, e incluso podemos reconstruirlo como un diálogo con rayas:
—Pudiera dejarme ir a la deriva —pensó—, y dormir y echar un lazo al dedo gordo del pie para despertar si pican.
Veamos un último ejemplo para notar la gran versatilidad del estilo indirecto libre y por qué es tan característico en la literatura:
La mujer hierve el agua y acomoda el fuego. Hace calor. Necesita terminar con todo antes de que llegue el Patrón que está en el monte. Hoy es su último día trabajando para ese hombre y hoy le va a pagar la miseria que le corresponde por dos días de trabajo. No lo hace por la plata, lo hace por la chica que está en la pieza. El Patrón se la arrancó al padre y ahora la tiene de amante y cocinera, de mujer y criada, de prostituta y lavandera.
Un agujero esconde una casa, Agustina Bazterrica
En este último ejemplo, podemos pensar que el narrador o narradora se encuentra en el mismo tiempo-espacio que la mujer que hierve el agua y acomoda el fuego. Sin embargo, todo lo que se narra en este fragmento está construido a partir de la conciencia de la mujer: la narración no es más que un vehículo de una voz ajena que nos llega mediada por una narración en tercera persona.
¿Cómo afectan las voces ajenas al tiempo, el espacio y la persona de la narración?
Mencionamos varias veces la ruptura sintáctica y los límites entre la voz narradora y las voces ajenas para construir la narración dentro del texto. Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de ruptura sintáctica?
Bien, en primer lugar, podemos decir que la ruptura sintáctica tiene que ver con la construcción de una oración: el yo, el aquí y el ahora de la persona que escribe o narra. Esto quiere decir que, cuando utilizamos una voz ajena en nuestro texto, la “trasladamos” desde su espacio-tiempo al nuestro, modificando también la persona (primera, segunda o tercera) desde la que se habla.
El yo, aquí, ahora (persona, tiempo y espacio) es lo que se conoce como centro deíctico. Este incluye los tres tipos de deixis mencionados: la persona (yo, tú, él/ella), el tiempo (ahora, después, mañana y sus formas verbales era, hacía, corría) y el espacio (este, aquel, ahí). Es un punto de referencia desde el cual las distintas voces, pensamientos, puntos de vista y sentimientos se articulan dentro de una misma narración.
Veamos el siguiente ejemplo:
María me dijo: “Este vestido no me gusta. Además, hoy hace frío y mañana va a hacer más frío todavía”.
Este fragmento en estilo directo se construye empleando ciertos componentes que hacen referencia a dos ejes del yo, aquí, ahora: por un lado, el narrador se refiere a sí mismo en “María me dijo” y, a su vez, María hace lo mismo en “este vestido no me gusta”. Del mismo modo, María emplea componentes de tiempo y espacio: “este vestido”, “hoy hace frío y mañana va a hacer más frío todavía”.
Dichos componentes, al trasladarlos al estilo indirecto, se adaptarán al yo, aquí, ahora del narrador que los utiliza:
María me dijo que ese vestido no le gustaba. Que además ese día hacía frío y al día siguiente iba a hacer más frío todavía.
Nótese que no solo se reemplaza el demostrativo original este por aquel, sino que además se modifican los tiempos verbales para demostrar que lo que María dijo fue en el pasado (gustaba, hacía, iba), y también cambian las referencias temporales explícitas de hoy y mañana por ese día y al día siguiente.
La ruptura sintáctica es propia del estilo directo, porque las voces ajenas no se interpretan. Estas mantienen su propio centro deíctico cuando las trasladamos a nuestra narración, la cual se ve interrumpida como en el caso de los diálogos y las conversaciones. En el estilo indirecto e indirecto libre, no se produce una ruptura, sino una adecuación de la oración subordinada, ya que se adapta el centro deíctico (el yo, el aquí y el ahora) de la voz ajena al centro deíctico del narrador.
Conclusión
Los distintos tipos de narración permiten crear historias atrapantes y cautivadoras. Determinar qué narración es la mejor dependerá de la historia que queramos contar y el efecto que queramos lograr. Una vez lista nuestra historia, podemos crear una propuesta editorial para enviar el manuscrito a una editorial. Si te parece necesario, en Palabra podemos realizar una corrección del texto para ayudarte a dejarlo limpio y profesional, ¡escribinos sin compromiso!
