10 arabismos en el español que seguro no conocías

Seguramente hayas escuchado alguna vez la expresión “No hay moros en la costa”. ¿Pero te has preguntado alguna vez de dónde viene? Durante el siglo XVI, los españoles combatían a los moros, habitantes del noroeste de África que realizaban constantes incursiones, saqueos e invasiones a través del mar Mediterráneo. Desde sus torres, los vigías usaban esta frase cuando no se veían barcos en el horizonte.

Esta frase es nuestra puerta de entrada a la conquista islámica de la península ibérica, un fenómeno histórico más amplio que comenzó muchos siglos antes. Pero si miramos bien, podemos ver las huellas de este crisol de culturas: los arabismos.

En el siguiente artículo, veremos:

  • qué son los arabismos.
  • cómo ingresaron los arabismos en el español;
  • y qué ejemplos de arabismos usas en tu vida diaria.

Arabismos: significado

Los arabismos, palabras o expresiones provenientes del árabe clásico o de alguno de sus dialectos, fueron incorporados al español entre los siglos VIII y XV. En lingüística, este fenómeno recibe el nombre de préstamo lingüístico (loanword), es decir, una palabra que una lengua toma de otra e integra a su propio vocabulario.

¿Cuántos arabismos hay en el español? Después del latín, el árabe es la lengua que más influencia tuvo sobre el léxico español. Se estima que el español actual conserva alrededor de 2.000 arabismos, aunque en la Edad Media el número era considerablemente mayor. Muchos de ellos siguen formando parte del vocabulario cotidiano y pasan desapercibidos para la mayoría de los hablantes.

Estos préstamos no solo nombran objetos, sino también alimentos, herramientas, oficios, cargos públicos, técnicas agrícolas, conocimientos científicos y expresiones de uso común. Son una muestra del intenso intercambio cultural que existió durante varios siglos entre musulmanes, cristianos y judíos en la península ibérica.

Arabismos: ingreso en la península ibérica

La mayoría de los arabismos llegaron al español durante la presencia musulmana en la península ibérica. En el año 711, tropas musulmanas provenientes del norte de África cruzaron el estrecho de Gibraltar y derrotaron al reino visigodo. En pocos años conquistaron gran parte del territorio peninsular y fundaron Al-Ándalus, un estado que, a través de distintas etapas políticas, perduró durante casi ocho siglos.

Es importante señalar que no todos los habitantes de Al-Ándalus eran árabes. También había bereberes (pueblos originarios del norte de África), hispanovisigodos, judíos y otros grupos que convivían e intercambiaban conocimientos, costumbres y, por supuesto, palabras.

Durante ese largo período, el árabe fue la lengua de la administración, la ciencia y buena parte del comercio. Incluso los cristianos que vivían bajo dominio musulmán incorporaron numerosas palabras árabes a su habla cotidiana.

Con el avance de la Reconquista, los reinos cristianos recuperaron progresivamente el territorio. El proceso culminó en 1492, cuando los Reyes Católicos conquistaron el reino nazarí de Granada. Sin embargo, las palabras árabes ya estaban profundamente integradas al castellano y continuaron usándose hasta nuestros días.

De hecho, muchas de ellas sobrevivieron porque designaban productos, cultivos, técnicas o instituciones que no tenían un equivalente en el castellano de la época.

Arabismos: ejemplos en el español cotidiano

“Albañil”, “alcalde” y “alacena”

Muchos arabismos empiezan por al- (اَلْ‎), equivalente a los artículos definidos “el”, “la”, “los” y “las”. A diferencia del español, en la escritura árabe, el artículo al- se escribe junto a la palabra referida (por ejemplo, المُخَدَّة‎, almuŷadda ⟶ “almohada”). Otros ejemplos son “aljibe”, “alpiste” y “alcancía”.

“Aceite”, “arroz” y “ajedrez”

En algunos casos, la L de al- se elimina y la consonante inicial de la palabra se duplica (por ejemplo, al-raṣīf → ar-raṣīf → “arrecife”, coral reef). Esto ocurre con 14 de las 28 letras del alfabeto árabe: tāʾ (ﺕ), ṯāʾ (ﺙ), dāl (ﺩ), ḏāl (ﺫ), rāʾ (ﺭ), zāī (ﺯ), sīn (ﺱ), šīn (ﺵ), ṣād (ﺹ), ḍād (ﺽ), ṭāʾ (ﻁ), ẓāʾ (ﻅ), lām (ﻝ) y nūn (ﻥ). 

Este cambio de sonido consonántico se aplica a los arabismos que empiezan por ace-, ar-, aj- y los siguientes prefijos:

  • aci-: “acicalar”
  • ad-: “adoquín”
  • -: “añil”
  • at-: “atún”
  • az-: “azúcar” 

“Alcohol”, “almohada” y “zanahoria”

Algunos arabismos tienen una letra H en medio de la palabra. Estas expresiones eran incorporadas de oído y resultaban muy difíciles para la fonética romance de la península ibérica. Entonces, se adaptaron con modificaciones. En árabe, hay muchos sonidos que surgen de una forma aspirada, que el español reemplazó por la H, como “albahaca” “alhaja” y “rehén”.

“Fulano/a”

Así es: la palabra “fulano/a”, tan representativa del habla hispana, ¡es de origen árabe! Proviene del árabe clásico fulān (فُلَانْ), que significa literalmente “una persona cualquiera” o “alguien”. 

Queríamos elegir “fulano/a” como la décima palabra de este artículo, pero hay muchos más arabismos por descubrir en esta lista:

  • asesino
  • badén
  • bellota
  • berenjena
  • calabaza
  • cifra
  • dado
  • escabeche
  • espinaca
  • garrafa
  • hazaña
  • jazmín
  • jurel
  • lima
  • gazpacho
  • guitarra
  • limón
  • marfil
  • naranja
  • ojalá
  • pato
  • quilate
  • sandía
  • tabaco
  • tarea
  • zorzal
  • zumo

Los arabismos son solo una muestra de cómo la historia deja su huella en el idioma que hablamos todos los días. En Palabra contamos con un equipo de profesionales especializados en lengua española, traducción y edición, preparados para desarrollar proyectos vinculados con el lenguaje, ya sea la creación de contenidos, la corrección de textos, la traducción o el asesoramiento lingüístico. Si buscas un grupo de trabajo que combine rigor lingüístico con una comunicación clara y efectiva, estamos aquí para ayudarte. 

Deja un comentario