Admitámoslo: escribir no es una tarea fácil.
Debemos sobreponernos a múltiples obstáculos: el bloqueo de escritor, los requisitos del mercado editorial… ¡Hasta las exigencias del algoritmo son importantes! ¿Pero qué sucede cuando ni siquiera escribimos en nuestra lengua materna? Si ya es difícil leer en otro idioma, escribir en él…
Muchos autores se han enfrentado a este desafío y han salido victoriosos. Hay ejemplos históricos, como la húngara Ágota Kristóf, quien se animó a escribir en francés desde Suiza. También fue el caso del ruso Vladimir Nabokov, quien escribió unas cuantas novelas en su ruso natal antes de transicionar al inglés, lengua en la que escribió su famosa Lolita (la cual, por cierto, luego tradujo él mismo al ruso).
Pero hay escritores bilingües más actuales, como Hernán Díaz y Laura Alcoba, dos escritores argentinos que se animaron a crear maravillosas obras en su segunda lengua, ya sea por pasión o por traumas del pasado. Lo más curioso es que ambos le encargaron la traducción a su lengua materna a otros profesionales.
Hernán Díaz, el argentino enamorado del inglés
El caso de este escritor es realmente inédito: sus dos novelas fueron reconocidas por grandes instituciones literarias. En 2018, su opera prima In The Distance (traducida como A lo lejos), fue finalista del Premio Pulitzer, galardón que ganaría cinco años después con su novela Trust (Fortuna en español), obra que será adaptada a la pantalla chica por la cadena HBO.
Nacido en 1973 en Buenos Aires, Hernán emigró a Suecia con su familia a los dos años frente al golpe de Estado que azotó al país en 1976. Una vez que la democracia fue restaurada, regresó a Argentina y estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires. Posteriormente, su profesión lo llevó a Londres por una maestría y luego a Nueva York para realizar su doctorado y establecerse como profesor de la Universidad de Columbia. Esas experiencias fueron la yesca que avivó su llama de pasión por el inglés.
Esto quedó confirmado en una entrevista con El País, en la que el escritor afirmó: “No escribo en inglés porque llevo viviendo aquí 25 años. Es al revés, estoy aquí por el inglés. […] Empecé a leer literatura en inglés durante la adolescencia y por motivos inescrutables esa tradición me interpeló de manera irresistible en el plano afectivo. Me enamoré de la lengua; suena cursi pero no hay otro modo de explicarlo”.
Díaz compara las lenguas como las diferentes opciones de materia prima para un escultor. Particularmente, reconoce al inglés como un idioma con múltiples posibilidades: “Siempre me atrajo esa lengua, su plasticidad, sus características sintácticas, lo ilimitado de su vocabulario, sus posibilidades acústicas. Es la lengua que hace que quiera escribir. Me da placer”. Sin embargo, a la hora de traducir sus obras a su lengua madre, buscó ayuda de traductores expertos: Jon Bilbao (A lo lejos) y Javier Calvo (Fortuna).
En la misma línea, el escritor destaca el respeto que tiene por el oficio de traductor, entendiéndolo como “una forma de arte”. Un gran desafío que encontró en el camino fue cómo traducir el título de Trust (convengamos que “Fideicomiso” no sonaba muy atractivo…): “Quería una palabra de doble faz, que hiciera dos cosas al mismo tiempo”, declaró. “Fortuna” cumplía con esas características, al hablar tanto de dinero como de suerte o destino.
No obstante, se borró un significado fundamental: “Se perdió lo de la confianza que está en trust, que para mí era muy importante porque, justamente, como hay cuatro libros, cuatro versiones, cuatro narrativas, cuatro voces, el juego ahí es: en cuál confiamos”, confesó. La confianza que buscaba evocar Díaz no es solo con esta historia en particular, sino en la que es necesaria con cualquier narración. Hernán comentó: “cada vez que leemos, firmamos un contrato tácito con ese texto, que implica que creemos en su valor de verdad o, tal vez, lo eximimos de tener un valor de verdad, que es lo que solemos hacer erróneamente, a mí entender, con la ficción”.
El punto de Trust era obligar al lector a cuestionar su fe en todo lo que lee, algo imposible de mantener con la traducción al español.
Laura Alcoba, entre el español y el francés
Laura Alcoba es una reconocida autora francesa nacida en Argentina. Fuertemente marcada por su infancia, escribió una trilogía sobre eventos relacionados con la última dictadura militar del país: Manèges (o La casa de los conejos), Le Bleu des abeilles (El azul de las abejas) y La Danse de l’araignée (La danza de la araña). Fue ganadora del Premio Marcel Pagnol y ha sido finalista del Premio Médicis y del Premio Femina.
La historia de Alcoba tiene muchos puntos en común con la de Hernán Díaz. Nacida en la ciudad de La Plata en 1968, también tuvo que exiliarse a los diez años; en su caso, a Francia. Debido a su pertenencia al grupo Montoneros, su padre quedó detenido en su ciudad natal y Laura debió comunicarse con él a través de cartas (este es uno de los temas de Le bleu des abeilles). En las afueras de París, esta joven creció inmersa en la lengua francesa hasta licenciarse en Letras y convertirse en profesora universitaria, editora y traductora.
Su trilogía, a pesar de tratar sobre su lugar de origen, fue escrita en su “lengua de acogida”. Esto tiene que ver con los traumas que la prosa de Alcoba carga. Según contó en una entrevista para el diario Clarín, ella buscó olvidar los terribles hechos de su infancia durante años: “En español asumí que ‘no se podría hablar’. Recuerdo de manera muy marcada el miedo, el temor a hablar, una sensación que se quedó grabada en mi de manera muy profunda. La relación más apaciguada con el lenguaje la tuve en Francia. En ese sentido, el francés me aportó cierto grado de libertad. También fue el idioma que me ayudó a reformular el terror”, confesó la escritora.
El cambio de idioma fue un modo de distanciarse del trauma, una necesidad imperante para seguir viviendo, según explicó en una entrevista con La Nación. De hecho, fue gracias al francés que reconoció que había sobrevivido al terrorismo de Estado: “tuve la necesidad de volver a ese lugar que me rondaba en la cabeza, y, además, la necesidad de decir ‘no estoy muerta, tengo que escribir’”, dijo. Su forma de volver tuvo también que ver con su voz narradora infantil, con un tinte autobiográfico muy potente. Debido a su fuerte conexión con su país de origen, ella siente que sus libros, a pesar de estar en francés y tener un destinatario francés, le permitieron “ser una escritora argentina”, según comentó a Artezeta.
Este año, Alfaguara ha publicado su última novela, A través del bosque (del original Par la forêt), traducida por Eduardo Berti y también basada en terribles hechos reales.
Conclusión
Imagen: Pexels
Luego de leer sobre Hernán Díaz y Laura Alcoba, podemos ver todos los puntos en común que los atraviesan:
- ambos dejaron su país cuando niños por motivos políticos,
- ambos usaron su segunda lengua como medio artístico,
- y ambos contrataron profesionales para traducir sus obras a su lengua materna, a pesar de ser bilingües.
De hecho, las novelas en su versión española dan la sensación de no ser traducciones en absoluto, sino textos originales. Esa ilusión solo la hace posible la traducción.
