Los medios de comunicación tienen una responsabilidad para con la población de difundir información confiable sobre el contexto actual e informar con respeto cómo, cuándo, dónde y por qué sucedieron los acontecimientos. No obstante, mucha gente ignora un problema que el periodismo adolece, uno que enturbia su transparencia mediática y entorpece la labor de los profesionales: el sexismo.
En este artículo, definiremos qué es sexismo, explicaremos de qué modo se expresa en los medios y brindaremos algunos ejemplos clásicos de sexismo en el lenguaje periodístico.
Sexismo: definición
Según el Glosario para la Igualdad del Instituto Nacional de las Mujeres del Gobierno de México, el sexismo abarca todo tipo de prácticas discriminatorias basadas en prejuicios en torno al sexo y el género de una persona. ¿Y cómo se ve el sexismo en los medios? El documento Por un periodismo no sexista. Pautas para comunicar desde una perspectiva de género en Chile muestra que existe sexismo en la información cuando “la construcción periodística reproduce o crea situaciones de discriminación e inequidad, generalmente afectando mujeres”. Este fenómeno periodístico se desprende de las mismas sociedades desde las que surgen y en las que se desarrollan los medios de comunicación. Esto significa que, en tanto que la sociedad sea machista, los medios también lo serán.
No obstante, el tipo de violencia que se desarrolla en estos ambientes no es solamente “de género”, sino también simbólica en un sentido más amplio, tal como propone Pierre Bourdieu. La violencia simbólica abarca las manifestaciones culturales que nosotros naturalizamos, es decir, la cultura que produce y reproduce las desigualdades sociales, esas diferencias que creemos “naturales”.
¿Pero cómo aparece esto en los medios? Por ejemplo, en un diario cuyos redactores priorizan (quizá sin saberlo) citas de autoridad provenientes de un hombre en vez de una mujer, o redactores de policiales que resaltan cómo una víctima estaba vestida e indagan inquisitivamente en su vida y no en la de los presuntos victimarios.
Para hacer frente a estas malas prácticas profesionales, muchos redactores optan por una perspectiva de género que priorice un periodismo no sexista. ¿Y en qué consiste esta perspectiva de género? En Hacia la construcción de un periodismo no sexista se entiende este concepto como el reconocimiento de la desigualdad estructural y simbólica entre hombres y mujeres en todos los aspectos de la sociedad, con el fin de “renovar el lenguaje para hacerlo socialmente incluyente”. Dicho de otro modo, el “periodismo de género” no es periodismo de mujeres, sino uno que visibiliza las relaciones desiguales de poder entre los géneros.
Dicho eso, estas son algunas preguntas que debemos hacerlos como profesionales de la redacción, según Por un periodismo no sexista…:
- Las secciones “serias” o estereotípicamente masculinas (Deportes, Economía o Política), ¿incorporan voces de mujeres? ¿De qué modo y en qué cantidad?
- Al elegir imágenes, ¿contemplo del mismo modo los cuerpos y el aspecto físico de los hombres y de las mujeres?
- ¿Cómo puedo cubrir X tema desde un enfoque respetuoso y de género? ¿Cómo influye el factor de género en lo acontecido?
Búsqueda de fuentes
El ejercicio de una perspectiva de género en la búsqueda de fuentes puede ampliar significativamente el panorama informativo, lo que permite un análisis más detallado y representativo de los hechos. Por el contrario, limitarse prejuiciosamente a ciertas fuentes limita el abanico de información, y puede resultar en una mirada parcial. Un caso de este estilo está presente en el periodismo deportivo, donde 40% de los deportistas son mujeres, pero los deportes femeninos solo son cubiertos en un 4% por los medios especializados, y quienes sí cubren caen en cosificaciones o sexualizaciones.
Estas son otras preguntas pertinentes que podemos hacernos sobre este tema:
- ¿Cómo se incorpora la voz de las mujeres: mediante una encuesta callejera o una consulta con una profesional en el tema?
- En estas últimas, ¿se les pregunta solo sobre cuestiones de género o primordialmente sobre sus disciplinas de modo general?
Lenguaje sexista
Parafraseando a la escritora Ursula K. Le Guin, el nombre es la cosa. Las palabras que usamos para denominar el mundo que nos rodea determinan, entre otras cosas, el modo en el cual lo percibimos. Por eso, debemos medir nuestras palabras y optar por un lenguaje no sexista, el cual busca evitar el masculino genérico mediante recursos lingüísticos como las perífrasis (“el cuerpo docente” en vez de “los docentes”), los desdoblamientos (“padres y madres” en vez de solo “padres”) y las palabras neutras como “humanidad”, “persona” o “infancias”.
En los últimos años, se ha implementado progresivamente el uso del lenguaje inclusivo o el lenguaje no binario directo. Puedes leer nuestra guía gratuita sobre la diferencia entre los tres tipos de lenguajes mencionados.
En esta línea, las preguntas pertinentes pueden ser:
- Puedo describir los hechos de un modo más inclusivo y menos estereotipado? ¿Qué alternativas tengo a mi favor?
- ¿Lo que he escrito contribuye a reforzar estereotipos de género?
Algunos ejemplos de sexismo en los medios
Culpabilizar a la víctima
Imposible tratar este tipo de periodismo sexista sin mencionar este truculento titular del diario argentino Clarín en la sección Policiales. La noticia tenía el objetivo de cubrir la desaparición seguida de femicidio de Melina Romero, una joven de 17 años de la Provincia de Buenos Aires. Sin embargo, el título de la nota se centra demasiado en la pregunta por el “quién”, a punto tal que parece olvidarse de las otro cuatro preguntas clave del periodismo:

El título habla por sí solo: qué pasó con esta chica, dónde y cuándo son preguntas menos importantes que la concerniente a sus actividades de ocio y su “descarrilamiento”, según la mirada moralista del redactor. “Sexista” es una palabra generosa para describir esta noticia. Hay demasiadas malas decisiones para comentar, y no solo el titular. Solo basta leer el primer párrafo:
“La vida de Melina Romero, de 17 años, no tiene rumbo. Hija de padres separados, dejó de estudiar hace dos años y desde entonces nunca trabajó. Según sus amigos, suele pasarse la mayoría del tiempo en la calle con chicas de su edad o yendo a bailar, tanto al turno matiné como a la noche, con amigos más grandes. En su casa nadie controló jamás sus horarios y más de una vez se peleó con su mamá y desapareció unos días”.
Desde el minuto uno, se instaura la narrativa de que Melina es una oveja descarriada, imposible de controlar por su familia. Su vagancia le impide ser un miembro productivo de la sociedad y, encima, tiene conductas promiscuas. Recordemos que, cuando se escribió la noticia, solo se sabía de su desaparición, no de su muerte; no obstante, se usan sus desapariciones previas como excusa para desestimar la gravedad del asunto. No solo eso, sino que la foto elegida muestra en primer plano los “cuatro piercings” de Melina, un atributo indecente según el redactor.
Esta actitud de culpabilizar a la víctima por lo que le ha acontecido es una práctica frecuente de sexismo en los medios.
“Crimen pasional” versus “Violencia de género”
No solo importa qué decidimos contar, sino las palabras que elegimos. En este caso, el artículo de TV Azteca optó por una “mala palabra” para el periodismo no sexista:

¿Pero cuál es el inconveniente de decir “crimen pasional”? El problema es que presenta al femicida o al perpetrador del hecho como un ser incapaz de contenerse, cegado por sus celos a punto tal que obró “sin quererlo” o “sin saber lo que estaba haciendo”. Este enfoque termina atenuando el asesinato, incluso en casos donde este se cometió premeditadamente. Esto también aplica a la expresión “se murió por amor”, hecho que culpabiliza a la víctima de algo que no fue su culpa en absoluto, y romantiza también la violencia intrafamiliar o de pareja.
Lo deplorable de este titular es que no fue escrito hace diez años, como la nota de Melina, sino en 2023. No solo eso, sino que el artículo toma un tema tan delicado como los femicidios y los vuelve contenido de divertimento para lectores morbosos.
Amigas viajando “solas”
Si eres mujer y alguna vez viajaste por tu cuenta, seguro habrás sido objeto de todo tipo de preguntas: “¿Dejaste a tu novio en casa?”, “¿Estás soltera?”, “¿No te parece imprudente viajar sola?”. Esta idea de “viajar sola” se ha usado muchas veces para justificar casos de acoso o incluso de feminicidio, bajo la idea de que la víctima fue demasiado temeraria o, dicho brutalmente, que “se lo buscó”.
Una creería que los comentarios de este tipo cesarían al turistear con una amiga, pero, sorprendentemente, no es así. Esto se vio claramente con el horrendo caso del doble femicidio de las argentinas Marina Menegazzo, de 21 años, y María José Coni, de 22, mientras viajaban por Ecuador. A pesar de hacerse mutua compañía, dos amigas de vacaciones siguen “viajando solas” a los ojos de la sociedad y de los medios. No viajaban solas solas, sino solas de hombres, el único tipo de soledad que importaba.

Por suerte, la comunidad latinoamericana se conmocionó con el asesinato de las jóvenes y muchas personas comenzaron a expresar solidaridad en las redes sociales mediante el hashtag #ViajoSola.
Falta de respeto a la identidad de género
Por último, un tipo de sexismo en los medios ocurre cuando el género autopercibido de una persona no es respetado durante una cobertura mediática. Esta práctica violenta afecta especialmente a personas pertenecientes a la comunidad travesti-trans, incluso a las celebridades. Por ejemplo, la actriz, comediante y presentadora argentina Florencia de la V, quien además se presenta abiertamente como mujer trans en los medios, ha sufrido todo tipo de violencias machistas.
Conclusión
Una vez explicado qué es el sexismo en los medios, y una vez comentadas las noticias que lo representan, podemos afirmar que estas no son casos aislados, sino que son parte de un círculo vicioso de diversos tipos de violencia que se producen y reproducen en nuestra sociedad. Por suerte, existen profesionales que buscan que eso cambie, como quienes integramos la agencia Palabra.
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