5 datos curiosos sobre «Cien años de soledad»

Cien años de soledad es sinónimo de literatura. No por nada se convirtió en una de las obras más importantes del siglo XX y consagró a Gabriel García Márquez como uno de los autores más celebrados de nuestra región.

Por eso, ahora que salió Cien años de soledad en Netflix, es un gran momento descubrir algunos datos curiosos sobre su publicación que probablemente no conocías.

1. Su nombre original no era Cien años de soledad

El primer dato curioso de Cien años de soledad es que, por muy poco, la novela casi lleva otro nombre (¡qué difícil de imaginar!). Márquez tardó 18 meses en terminar de escribir la novela antes de su publicación, pero lo cierto es que llevaba años intentándolo. De hecho, fue la primera novela que intentó escribir, con tan solo 17 años de edad y, en aquel entonces, el título de la obra era La casa, en referencia a su hogar y sus inmediaciones.

Sin embargo, como todavía era un adolescente, abandonó el proyecto, porque la enorme faena lo superaba. Pero pasó los años siguientes pensando en la mejor forma de encarar el proyecto:

Desde entonces no dejé de pensar en ella, de tratar de verla mentalmente, de buscar la forma más eficaz de contarla, y puedo decir que el primer párrafo no tiene una coma más ni una coma menos que el primer párrafo escrito hace veinte años.

Cuando finalmente encaró y completó el proyecto, llegó el momento de publicar la novela: era el año 1967 y tenía que mandar el manuscrito a Buenos Aires, a la editorial Sudamericana, la cual sería la encargada llevarla al público. Sin embargo, a mitad de camino, Márquez cambió de parecer y de título: la novela pasó de llamarse La casa a llamarse Cien años de soledad, y el resto, como sabemos, es historia.

2. La novela casi se publica con la editorial Seix Barral

Carlos Fuentes fue uno de los escritores a los que Márquez les confió una primera lectura del manuscrito de la novela. Pero este no solo esperaba un comentario sobre la novela en sí, sino que además le pidió consejo sobre con qué editorial le convenía publicarla. Había dos opciones: Sudamericana, la cual fue elegida finalmente, y la española Seix Barral.

Fuentes abogó por Seix Barral, argumentando que con esta tendría entrada al mercado europeo y una mayor oportunidad de traducir la obra. Sorprendentemente, Seix Barral pasó de la novela, y hay muchas anécdotas al respecto que intentan «explicar» cómo Carlos Barral, fundador de la editorial, perdió semejante oportunidad. Así lo explica su hijo Malcolm Otero Barral:

A lo largo de los años, he oído decenas de versiones de ese flagrante traspié editorial. Una es que el manuscrito quedó enterrado bajo una pila de papeles durante unas vacaciones y que a la vuelta había expirado el plazo de contratación. Otra que el comité de lectura no lo consideró publicable y lo desestimó sin ambages. También que al editor el libro le pareció literatura oral de ínfima calidad y que no dudó en descartarlo.

Malcolm Otero Barral, El Mundo, 2017.

Finalmente, el mismísimo Carlos Barral desmintió estas versiones:

Pues bien, hora es ya que diga —porque además de Goytisolo, otros lo creen también— que no rechacé el manuscrito, un manuscrito que no tuve ocasión de leer, del libro capital de Gabriel García Márquez (…) No leí Cien años de soledad, cuyo manuscrito no había cruzado el océano, sino después de publicado por Editorial Sudamericana.

Carta a Juan Goytisolo, El País, 1979.

3. La primera portada de la novela fue improvisada

Así como lo oyes: la primera portada de Cien años de soledad, la original, la cara visible de la novela que prometía cambiar (y que finalmente cambió) la forma de leer y escribir, la que dicen fue fundamental para convertir al realismo mágico en un género de peso editorial, fue improvisada por un contratiempo durante el proceso de edición.

El diseño de la portada fue encomendado al pintor y diseñador Vicente Rojo, nacido en Barcelona y fallecido recientemente en México, donde vivió toda su vida. Según cuenta la leyenda, pocos días antes de enviar el original a imprenta, el director de Sudamericana, Paco Porrúa, descubrió que Rojo no iba a llegar con la entrega de la portada.

Sujeto del pánico, Porrúa le pidió a Iris Alba —por aquel entonces conocida como Iris Pagano— que resolviera la portada lo antes posible. Alba, quien se había sumado a la editorial en 1960 y también era pintora, ya había diseñado varias portadas para la editorial y aceptó la tarea a contrarreloj. Ella pintó un galeón español sobre un fondo selvático y, debajo, tres flores amarillas:

Sin embargo, la primera tirada de ejemplares se agotó rápidamente durante la primera semana, y para la segunda tirada ya se incluyó la portada diseñada por Rojo, que continúa siendo la más icónica:

4. Primero salió en revistas y periódicos

Durante los meses previos a terminar la novela, Márquez mantenía serias dudas sobre la calidad de la obra. Si bien esta terminaría superando sus expectativas, las de la editorial y las de aquellos primeros lectores que la compraron sin saber que esperar, el autor no estaba tan seguro.

De hecho, este confesó en una correspondencia con un amigo:

Cuando leí lo que llevaba escrito, tuve la desmoralizante impresión de estar metido en una aventura que lo mismo podía ser afortunada que catastrófica.

Quizás por este motivo, siguiendo el ejemplo Hemingway y Faulkner, a quienes admiraba, decidió publicar los primeros siete capítulos de la obra en periódicos y revistas entre 1966 y 1967. Estos capítulos salieron en Francia, Colombia, Perú, México y Argentina cuando todavía no se había firmado el contrato con Sudamericana.

Según Álvaro Santana Acuña, investigador español del Whitman College en Washington, la intención de Márquez era probar los capítulos más experimentales e innovadores con un público lector especializado. Estos siete capítulos representan un tercio de la obra (que tiene 20 capítulos).

Y un dato curioso dentro de otro dato curioso: estos capítulos fueron olvidados porque se creían idénticos a los que terminaron en la novela, pero se pueden ver cambios en relación con la versión final en cuanto a la estructura, el lenguaje, la descripción de los personajes y el ambiente. Hay unas 42 diferencias entre estos capítulos y la novela publicada en 1967. ¿Quién se anima a encontrarlas?

5. Cien años de soledad se inspiró en la música del Caribe

Tras convertirse en su obra más famosa, Cien años de soledad dio mucho de qué hablar y la prensa y el público quisieron saber de dónde provino la inspiración para la novela. Así fue que, en 1985, en una entrevista a la revista cubana Opina, el autor explicó que la inspiración para el tono narrativo del libro llegó de los juglares de música vallenata de los pueblos del Caribe colombiano:

Cien años de soledad no es más que un vallenato de 350 páginas (…) lo que más me interesaba era el cuento que contaban, no tanto la música. Pero después siempre se me quedó vinculada la historia, los hechos y prácticamente la vida de la región a una música. (…) [Macondo es] un estado de ánimo, es el estado de ánimo en el que se vive en el Caribe.

El vallenato es la música que Márquez oía de niño en Aracataca, el pueblo donde nació y creció. En ese entonces, convivió con esta música que se interpretaba con juglares de acordeón y que tenía una fuerte impronta del relato oral en su folclor: los cantores transmitían historias de los pueblos de la región, en su mayoría pueblos rurales y campesinos como los de Macondo, sin hacer diferencia entre lo fantástico y lo real.

Puede reconocerse entonces esta influencia en una obra que popularizó el realismo mágico, el cual, para Márquez —y para muchos de sus vecinos— era “realismo” a secas.

Deja un comentario